No encontraba trabajo. Todos los días abría el maldito diario y nada. Mi tiempo se estaba acabando. Mi papá y mi hermano querían que me vuelva al pueblo y yo eso lo sentía como un retroceso.
Si bien, en ese momento no tenía ganas de atravesar ninguna situación sentimental porque terminaba de salir de una que apenas había entendido, sabía que el pueblo era una muerte en ese sentido. Los conocía a todos los que estaban acá. Los mejores ya estaban acomodados y los que no, eran la lacra que por piratas, jodían a las minas como yo.
Me angustiaba el tema de volverme también por el trabajo. No conseguía trabajo en Mardel, menos en el pueblo.
Mis chicas marplatenses no querían que volviera, las de capital estaban divididas.
Le pregunté a Piru que hacer y él me decía que lo pensara, que lo veía como un retroceso pero que por ahí podría llegar a ser bueno.
Empecé a prestar atención a ciertas cosas que me pasaban alrededor. Un día en una cena con las chicas, dos pibes se pusieron a discutir. El tema era si un buen Currículum prevalecía a un buen contacto. Llegaron a la conclusión de que si. Yo tenía contactos en el pueblo más no en La feliz. Lo tomé como una señal.
Después de eso, el repartidor del diario no me lo trajo por 4 días. Fui a reclamar y se había confundido. Otra señal.
El lunes, Piru estaba fuera de Mardel. Me conecté en el Messenger y me saludó. Por mi parte le conté de mis intenciones de verlo el fin de semana pero que no lo había querido poner en situación.
Me respondió que era una tonta, que había estado muy al pedo y que podía haber pasado por casa.
También me aclaró que todo el tiempo que estuvo sin hablarme había sido por respeto a Mauro, Yo le expliqué que a mi no me gustó la determinación de su amigo pero que, en el momento, no me quedó más opción que responder a su ultimátum.
Con el correr de los días, habíamos entrado en confianza de nuevo. Nos habíamos pasado los números de celular otra vez y hablábamos por teléfono. Sentía que el tiempo había retrocedido tres años, estaba super feliz.
Entre las cosas que me contó fue que a él le había dolido mucho verme con Mauro, que yo no me daba idea de cuánto. Hasta que me hizo la pregunta más temida ¿Vos volverías a estar conmigo?, les juro que no me daban las manos para escribir en el teclado.
Le contesté que si yo pensaba en lo bien que la habíamos pasado juntos, la respuesta era un si rotundo. Pero le aclaré que me daba miedo perderlo de nuevo.
Él me contó que había consultado la situación con unos amigos que eran del lugar donde estaba viviendo (o sea que a Mauro no lo conocían).
Fue muy gracioso porque me dijo “los chicos me dijeron está con la mina, total… tu amigo te la robó primero”.
En ese instante, analicé la simplicidad del pensamiento masculino. Yo meditaba en los pros, contras y consecuencias de volver a estar con Piru. Ellos la arreglaron así de fácil.
En conclusión, dijimos que cuando llegue el momento de vernos, íbamos a decidirlo.
Es increíble cómo me olvidé de Mauro. Al mes de cortar la relación, la historia parecía tan lejana que me costaba creer que había estado enamorada de un tipo así.
En cambio, había una persona de la que no me había olvidado nunca, Piru.
Comencé a pensar que esa regla estúpida de que no hable más con él era de Mauro y que ya esas normas no correspondían con mi vida. A la vez, se me ocurría que Piru debería estar super enojado, después de casi dos años sin hablarle… no sabía que hacer.
Tampoco quería que pensara que le iba a hablar para sacarle información de Mauro. Eso no me interesaba ni ahí.
Por suerte, mi amiga Naty tenía su correo, se habían conocido en el pueblo cuando yo estaba con él.
Antes de pedirle el correo de Piru, le pedí su consejo. Naty me dijo que para ella no debería hablarle. La desobedecí.
Tomé coraje y le pedí autorización en el Messenger. A la noche lo vi conectado pero no le hablé, no podía…Igualmente pensé, es un paso más, al menos me autorizó.
Al día siguiente, otra vez lo veo on line a la mañana, tipo 9. Se me ocurrió que estaría en el trabajo. Dije, fue… lo saludo.
Hola Piru, cómo andás? le escribí
Tardó una milésima de segundo en contestarme. Me dijo que estaba bien, que se había enterado lo de Mauro y me preguntó cómo estaba. Casi me muero de la emoción! Había mucho por hablar.
Le contesté que bien, que Mauro ya no me importaba
Me dijo que estaba justo en Mar del Plata y mi intención fue invitarlo a casa pero no lo hice. Lo iba a poner en situación porque seguramente el tarado de Mauro iba a estar con él todo el día, Me quedé con ganas de verlo todo el fin de semana.
No me podía relajar, pensaba en Mauro todo el tiempo. Por odio o por amor. El 14 de agosto de 2008 pasaron dos cosas importantes.
La primera fue que me sentía particularmente mal. Era el aniversario de la muerte de mamá, había pensado mucho en ella porque siempre creí que se había ido tranquila porque me dejó en las buenas manos de Mauro. Pobre, ella seguramente también se decepcionó.
La segunda fue que hubo algo que hizo que llame a mi último ex. Marqué el discado rápido, aún teníamos el corporativo así que halaríamos gratis. Me preguntó como estaba, le dije que bien. Les anticipo que en ningún momento de la charla se percató de que era al aniversario de mamá. Error.
Me volvió a repetir la historia de la cartera, el cajero y la lamparita pero esta vez, con un convencimiento en su voz increíble.
Supongo, que no quería reconocer que había estado tres años y medio de novia con un idiota que no sabe valorar lo que tiene al lado y ni los cambios que yo había hecho por él.
Sus palabras fueron, en parte, un alivio. Caí, la cabeza me hizo click. Mauro era oficialmente un pelotudo y lo peor era que estaba orgulloso de serlo. En la conversación se encargó de mostrarme todo lo que yo nunca iba a extrañar.
Cortamos la comunicación y me sentí libre, y otro loser estaba fuera de mi vida.
Había tomado una decisión. Me iba a quedar en Mardel a pesar de todo. No quería volverme al pueblo, ahí no había salida.
Compraba el diario todos los días y no salía nada. Mi papá y mi hermano me presionaban para que vuelva, y era lógico, no tenía trabajo, ni novio ni amigos, sumado a que era un gastadero de plata.
Contacté a mi amiga que se había ido a España por mail y le pedí el teléfono de otra que estaba en La Feliz para salir. No la conocía mucho, sólo había salido una vez con ella y su grupo.
Nadia me atendió y me contó los planes para la noche. Fui, dentro de todo, me divertí.
A partir de ese momento, cuatro personas, prácticamente desconocidas, se habían convertido en lo más importante de Mar del Plata para mí. Me escucharon, me consolaron. En esos días tenía sentimientos encontrados. Odiaba a Mauro por haber terminado la relación por boludeces y, además, por haberlo hecho en el peor momento de mi vida, sola, sin trabajo, sin nada. Por otro lo extrañaba. Mi cama era gigantesca.
Tenía a las chicas y ellas me ayudaron en todo. Salimos mucho de noche, tomamos y nos divertimos. Siempre las voy a llevar en mi corazón. Éste post es para ustedes.
Yo prácticamente no hablé. Estaba tan triste que no le pude decir nada. Al otro día me tomé un micro y me vine al pueblo. Necesitaba alejarme de todo Mar del Plata. Estuve 10 días acá. La noche anterior a volverme lo llamé a Mauro. Le dije que llegaba al otro día y que quería hablar con él.
Llegué a Mar del Plata y lo primero que encontré debajo de la puerta fue mi pasaporte. Terrible patada.
Nos juntamos en un café de la costa. Era mi turno de decir las cosas. Empecé a explicarle que el hecho de que él me cambiara las lamparitas de luz no era una dependencia. Simplemente, yo medía un metro y medio y él dos.
Además le aclaré que con respecto a dejar la cartera arriba de la mesa, lo hacía simplemente porque en mi departamento yo pagaba el alquiler, no él, que el día que vivamos juntos tendría que cambiar si a él le molestaba.
Si me acompañaba al cajero era por un tema de seguridad. Claro, como el señor no leía un diario, jamás se enteraba de las cosas que sucedían. Añadí que, de última, acompañarse no tenía nada de malo en una pareja.
Sobre eso de que yo no tenía iniciativa, le dije que tampoco entendía ese concepto cuando venía de alguien que trabajaba en la empresa de su hermano por 400 pesos al mes cuando en cualquiera de los laburos que yo había hecho ganaba más que él.
Recuerdo que le pregunté desde cuando tenía pensado cortar la relación y él me dijo que su cabeza había hecho un click el día que leyó el artículo de la revista.
Mauro no sabía bien qué decirme. Refuté todos sus puntos y la típica actitud de alguien que no sabe discutir es encerrarse en su posición. Así lo hizo.
Le expliqué que de seguir con ese pensamiento los problemas no los iba a tener sólo conmigo, sino con todas las novias que tuviera. “No estoy pensando en rehacer mi vida, me dijo”.
El último punto fue el de los hijos. Le comenté que, seguramente, él no pensaba en tener una familia porque nunca había tenido una. Le dije “Vos nos sos culpable de tener una familia de mierda, pero sí tenés culpa de no querer cambiar esa situación”.
A la medianoche, era el día del amigo. Llamé a mis amigas de Capital, les conté que no me habían renovado el contrato en el trabajo y que había estado un mes laburando en una empresa de telefonía celular. Hasta que los promotores estafaron gente y los clientes presentaron la denuncia. El allanamiento era inminente, así que me fui. Otra vez, sin nada…
Además, les comenté que me iba a Disney con Mauro y sus hermanos. Tenía compradas las entradas a todos los parques pero necesitaba trabajo urgente para ahorrar para el viaje.
Un mes antes papá me visitó. En una charla que tuvieron con Mauro, le dijo que probablemente nos vayamos a vivir juntos a un departamento horrible de la Rata. Así que también les conté eso. Recuerdo que mi amiga Delfi me dijo. “Mariana, pensálo bien, no es fácil la convivencia. Después, me di cuenta que sus palabras fueron premonitorias.
Domingo 20 de julio
La pasamos juntos con parejas amigas en casa, super bien. Cenamos y nos matamos de risa. Mauro durmió en casa, como todos los domingos.
Lunes 21 de julio
A la mañana, Mauro se fue a trabajar. Por la noche me llamó y me dijo que había leído en la revista “Viva” un artículo de mujeres que no quieren tener hijos y que se había sentido muy identificado.
No estaba en condiciones de discutir el tema. Yo no quería tener hijos en ese momento así que le respondí con poco interés. Hablamos dos boludeces más y nos acostamos a dormir.
Martes 22 de julio
Fui a verlo jugar al basket, un perro como siempre. Cuando me llevaba a mi casa mencionó algo del artículo. Le respondí que no quería hablar de eso porque estaba entrando en el primer aniversario de la muerte de mi mamá. Me dijo que tenía razón, que lo perdonara, que era un colgado con las fechas.
Miércoles 23 de julio
No nos vimos en todo el día. A la noche me llamó e insistió con el artículo. Me dijo “¿Qué vamos a hacer? Somos muy diferentes.”. En ese momento empecé a caer, le respondí “¿diferentes en qué? Capaz que el día de mañana yo no quiero tener hijos o vos cambiás de opinión., pueden pasar tantas cosas…”
Él insistía e inistía, hasta que me di cuenta que el corte de relación era inminente. Le contesté que esto no era para hablarlo por teléfono. Me respondió que tenía razón que duerma tranquila, que hablábamos al otro día. ¿Falta aclararles que no pegué un ojo en toda la noche?
Jueves 24 de julio
Me la pasé llorando todo el día. ¿Qué voy a hacer acá? No tengo trabajo, ni amigas y casi ni novio pensé durante todo ese día.
Apareció a las 18. Me dijo que nuestras diferencias no sólo radicaban en el futuro. Que él muchas veces me había repetido que yo dejaba la cartera arriba de la mesa y eso le molestaba. Que no se bancaba más que yo dependiera de él para ir al cajero automático a sacar plata y también para que me cambie las lamparitas cuando se quemaban. También me recriminó que nunca había ayudado a la chica que venía a limpiar para ahorrarme dos pesos. Mauro se había cansado de esos terribles defectos míos. Yo lloré todo el tiempo.
Me enteré de lo peor. En la obra social no me renovaron el contrato. Eso fue como una patada en el estómago porque era el mejor trabajo que había tenido en La Feliz.
Me acuerdo que salí de la empresa, lo llamé a Mauro y le conté. Él estaba ocupado así que me mando un texto que decía “Mi amor, no te preocupes. Vamos a ver como salimos de ésta. Te amo”. Me sentí segura y contenida a pesar de su ausencia. Mis amigas marplantenses habían emigrado a España por un tiempo a trabajar así que estaba sola y mis chicas de toda la vida estaban, en su mayoría, en Capital.
Tiré un par de C.V sin éxito. Mauro empezó a presionarme como si me mantuviera, que llame, que insista. Lo que él no sabía es que yo no funciono bajo presión, eso hacía que me tire para atrás.
Una tarde me llamó cinco veces en una hora para ver que estaba haciendo. La quinta vez le dije que estaba en la misma posición que cuando me había llamado las cuatro veces anteriores.
El último año, había actitudes de Mauro que habían comenzado a molestarme mucho. Eran cosas que pensé que con el tiempo irían a cambiar pero evidentemente, su naturaleza podía contra él.
Me sacaba que no leyera un diario. ¡Hello!, el país se esta yendo al carajo y vos no sabés quien es Alfredo de Ángeli.
Entonces, recurría a mí para que yo le explicara. En las reuniones con amigos, se hacía el que sabía del tema pero en realidad solamente repetía mis palabras ¡Qué bronca!
En marzo de 2008, ya llevaba dos meses trabajando el la obra social. Odiaba ese laburo pero el sueldo era bueno. Como llegaba tan cansada de escuchar las quejas de los pobres afiliados, no tenía ganas de limpiar. Contraté una chica para que viniera solo los jueves a hacer una limpieza profunda y el resto de las tareas las haría yo.
¿Me creen si les digo que me preguntaba por qué no la ayudaba a limpiar a la chica así estaba menos tiempo en casa y me cobraba más barato?, Aclaración: jamás puso un centavo para la mina, le pagaba yo. Anonadada, le dije que le pagaba justamente para descansar y para no tener que hacerlo yo. Me salía con que su mamá siempre ayudaba a la chica de la limpieza. Lo que yo no le podía contestar era que su madre estaba todo el día al pedo (y era insoportable), por eso podía ayudarla.
Dentro de todo, con Mauro teníamos valores morales bastante parecidos. Pero había una cosa fundamental en la que jamás nos pudimos poner de acuerdo. El futuro. Miles de veces, le decía que a mí me gustaría tener una familia en alguna etapa de mi vida. Él me contestaba que no se imaginaba siendo padre porque las familias tendrían que estar compuestas de hermanos, solamente. Claro, imagínense con esa manga de locos de padres y hermanos era lógico que el flaco no quisiera tener nada.
Les reconozco que yo recién me estaba estabilizando laboralmente en la obra social, alquilaba el depto, no vivíamos juntos, es decir, yo tampoco quería tener hijos en ese instante pero siempre me imaginé siendo madre.
Muy adentro mío, también pensé que cuando creciera un poco, iría a cambiar de opinión. Sobre todo, cuando la Rata tuviera chicos.
La verdad es que lo había visto interactuar con nenes pocas veces, pero en esas oportunidades observé que los trataba igual que a perros, apenas los tocaba. Pongo el ejemplo de los perros porque tampoco le gustaban.
En una oportunidad, mi amiga Clara, que estaba recién casada y con un hijo fue a Mar del Plata a visitarme. Le daba de comer al nene y Mauro se sentó al lado. El nene, jugando (obvio es un nene) tiraba el repasador y Mauro lo levantaba. Se lo tiró como 10 veces. Al rato salimos y mi novio despacito me dice “casi lo mato al pendejo, ¿Viste como tiraba el repasador?” Me armé de paciencia y le expliqué que era un juego, que era una forma de interactuar con él. Jamás lo entendió, a él sólo le pareció un borrego maleducado.
Terminé de estudiar, al fin. Después de hablarlo mucho, decidimos con Mauro que yo me fuera a vivir a Mardel. ¡Qué lindo, ya no nos íbamos a despedir los domingos!
Mauro vivía con los padres, eran insoportables. La madre super absorbente y el padre un amargo total. Debí haber mirado esos dos engendros para darme cuenta que nada bueno podía salir de ahí.
Me enfermaba que cada vez que viajaba para ver a mi novio, teníamos que dormir en cuartos separados “reglas de la casa”. Yo pensaba “vieja de mierda, el nene tiene 28 años, dejalo vivir en paz”.
Por eso estaba tan contenta cuando encontré depto. Si bien no íbamos a vivir juntos podíamos dormir juntos, hacer el amor y gritar tranquilos.
El hermano de Mauro (o la rata, mejor dicho), era un tipo despreciable. Ganaba 20 lucas por mes y a él le pagaba 400 pesos. ¿Qué clase de hermano sos? Yo soy de la teoría que por la familia, todo. Si llego a ser empresaria alguna vez, lo pongo a Pablo a atender el teléfono por 10.000 por mes y sin dudarlo. Pero también con esa familia ¿qué querés? La rata con los viejos no se hablaban hacía 4 años por una pelotudez, que no viene al caso. Esa casa era egoísmo puro.
Yo, en mi afán de amar al estilo telenovela de Thalía, pensaba que si me iba a Mardel a vivir lo iba a salvar de toda esa mierda.
Conseguí laburo en un gimnasio, era recepcionista. El dueño era un baboso amigo de la Rata. Trabajé un mes ahí, el gordo inmundo del dueño nunca me pagó un centavo. (por algo era amigo de la Rata ¿no?).
Luego laburé en una farmacia. Los dueños eran amigos de Mauro, al principio estaba todo bien pero ellos eran pareja. Se peleaban todo el tiempo y eso me molestaba muchísimo porque yo quedaba en el medio.
Un día me asaltaron. Un hijo de puta entró a la farmacia y me encañonó. Por suerte, ese día, me llamaron de una obra social para trabajar. Era en blanco, buen sueldo pero contrato temporario. De todas maneras, lo agarré.
Con mi novio nos llevábamos muy bien. A veces mirábamos a las parejas amigas y pensábamos lo bien que estábamos nosotros. En ocasiones discutíamos por el desorden en el depto. Mauro era un poco obsesivo con eso porque la madre de mierda que tenía, estaba todo el día al pedo y se la pasaba limpiando. Lo retaba cuando no hacía la cama (si, lo retaba).
Yo había cambiado mucho. En Buenos Aires, cuando vivía sola, era un quilombo. Todo tirado, no parecía una mujer. En Mardel no era “la ley y el orden” pero había mejorado un 90 %. No es porque lo diga yo, mis amigas que fueron a visitarme lo notaron. Sin embargo para mi novio, nada era suficiente.
Perdón por el lenguaje de este post, pero me acuerdo y me saco, jajaja.
Llegaron Piru y Meli. Imagínense por un minuto mi situación de esa noche. Yo no podía dejar de mirar a Piru y pensar, estuve con vos, de mirar a Melisa y pensar, yo te hice cornuda y de mirar a Mauro y pensar, hice todo esto pero te amo a vos.
Piru estaba un poco amargo, como siempre que estaba con melisa, se le notaba que era un fastidio para él. (En realidad cuando la conocí, fue un fastidio para todos). Era insoportable, esas novias cuidas que no dejan a sus machos un minuto en paz. En cambio, yo era super cool, jamás le dije a Mauro que no salga, por ejemplo. Yo era de la teoría de que si le prohibís algo a un hombre, lo hace con más frecuencia. Son como los chicos.
Esa noche, por la misma situación, yo enmudecí. Era lógico, no tenía nada que decir. Solamente tenía ganas de gritar y de irme de ahí, necesitaba acostarme y dejar de pensar.
En cambio, me la pasé toda la noche escuchando los planteos estúpidos que le hacía Melisa a mi ex amante.
A la vez sentía que esta situación a Mauro le iba a servir, iba a dejar de desconfiar de mí y de Piru todo el tiempo. En parte fue así.
En general, cuando Piru visitaba Mardel, Mauro se aislaba con él. Me daba mucha bronca porque al resto de los amigos los veía siempre.
Tenía que elegir. Mauro o Piru. Entendía los celos de Mauro pero a la vez me daba bronca. ¿Por qué tenía que elegir? Tampoco se trataba en si de tomar una determinación, sino de que Mauro no me aceptaba como era. Él me había conocido así, pero a la vez las cosas que me decía me hacían sentir muy culpable.
Me juraba que él sentía que lo estaba matando, que se imaginaba a mí y a Piru en la cama y que era re difícil para él.
Tomé la decisión una vez más, igual que en aquella mesa del bar cuatro meses antes. Le dije a Piru que me dolía un montón pero que teníamos que parar de contactarnos. Él me pidió por favor, que no lo hiciera, me dijo que me iba a arrepentir. Le expliqué que no me quedaba otra y le pedí que no me la hiciera más difícil. Dejamos de hablar.
Muchas veces, estando sola en Buenos Aires pensaba en qué andaría Piru, si seguía con Melisa, cómo estaba. Sobre todo, los días que me sentía mal. No había mejor persona para levantarle el ánimo a uno que él.
A partir de ese momento, de la decisión les digo, empezó mi transformación. Sí, aunque no lo crean. Era tal la culpa de haber lastimado (según él mismo) a Mauro que cada cosa que me pedía yo se la daba.
Me había autoconvencido de que había sido una hija de puta con mi novio. Si él hubiese hecho algo así, lo hubiera matado. Pero él no, Mauro fue muy bueno conmigo y me perdonó. ¿Qué tarada, no?
A los pocos meses, una tarde, estábamos en La Feliz. Sonó el teléfono de la casa de mi novio. Era Piru. Yo no quería ni escuchar la conversación. Piru me había traído muchos problemas y a veces Mauro todavía me recriminaba el hecho de que supuestamente, lo había hecho quedar como un boludo, con el amigo cuando lo llamó y yo estaba en su casa. (No me lo pregunten, nunca entendí de qué manera lo hice quedar como un boludo, será cosa de hombres).
Colgó el teléfono, mi miró y me dijo. “Vienen a comer Piru y Meli”.
Habíamos empezado una relación hermosa. Super compatibles, en todo sentido. El fin de semana siguiente, mi confusión estaba prácticamente aclarada. Viajé a Mar del Plata y ya me estaba acostumbrando a él.
Los meses que siguieron fueron complicados. Nuestra relación era más telefónica que otra cosa. Nos veíamos fin de semana por medio.
A Piru se le había ido un poco el enojo. Cada tanto, nos mandábamos mensajes para saber cómo estábamos.
Un buen día mi ex amigo personal me mandó un mensaje preguntándome cómo me estaba yendo en la facu. Al minuto me suena el celu, era Mauro. Muy contenta le conté que Piru me había escrito. No me dijo nada.
A la noche él salió al boliche. Se mamó (como era su costumbre) y me llamó 6 de la mañana por teléfono (como era su costumbre). Comenzó a hacerme un planteo, me decía que no entendía por qué seguía en contacto con Piru. Enfurecida, contesté que era mi amigo y también de él. No entendía su reacción, él me conocía así y si no fuera por Piru no nos hubiésemos puesto de novios jamás.
Un día me vine al pueblo, sola. Llegué y lo llamé a Piru. Le dije que necesitaba verlo y hablar con él. Se puso re contento de recibir noticias mías. Llegué a su casa con una novedad. Me había operado las lolas. Recuerdo que me vio y su primera frase fue se notan ehh!! Largamos la carajada los dos.
Nos sentamos y sentí que le debía una explicación. Le dije que lo de Mauro no había sido a propósito, que no fue para hacerle daño. También le expliqué que Mauro no quería que hable más con él.
Piru no me creyó esto último. Me dijo que no podía ser, que él a Mauro lo conocía y que era incapaz de prohibirme cosa semejante.
Le contesté que él lo conocía como amigo, no como pareja.
Me confesó que ellos nunca habían hablado de mí, que entre ellos se juraron nunca pelearse por una mina. Yo le dije que estaba de acuerdo, que no quería que se pelearan, pero que si Mauro se enteraba de que yo estaba ahí me iba a matar.
Ahí mismo, hicimos un pacto. Le íbamos a decir a Mauro que nos encontramos por la calle y que Piru me había invitado a tomar mate. En seguida lo llamó por teléfono.
Mi ex amante y mi actual pareja dialogaron amablemente. Luego, Piru me pasó el teléfono. Hola, dije con voz de “yo no hice nada”. Lo que recibí del otro lado fue un “después hablamos” y me cortó.
Llegué a casa y discutimos, discutimos y discutimos. Hasta que salió el famoso ultimátum. Ó él, ó yo, me dijo Mauro.
Ese día, chateando con Piru,le conté la verdad. Le dije que Mauro y yo habábamos decidido conocernos. Se re enojó, me dijo que era cualquiera, que era mucha coincidencia que justo me gustara su mejor amigo. Yo le contesté que no entendía por qué me hacía semejante reclamo, si al fin y al cabo, yo jamás le pedí que deje a Melisa. Nunca le pedí nada.
Dos días después, me encontraba esperando a Mauro en Retiro. Me acuerdo que pensaba ¿Qué hago acá? Estoy recibiendo a un completo desconocido que va a dormir en mi cama ¿Y si no me gusta?, que garrón.
Mauro se bajó del micro y lo reconocí en seguida. 2.05 mts y porte de jugador de básquet. Nos saludamos prácticamente sin saber qué decirnos.
Llegamos a mi depto y hablamos de su trabajo. Él laburaba en una empresa de tratamiento de aguas donde su hermano era vicepresidente.
Yo escuchaba sentada en una silla. Después él se paró y me dio un beso.
En ese momento, mi celular sonó. Por supuesto, era Piru, me decía que vayamos para su hotel.
Nos subimos en un taxi, abrazados como novios de toda la vida. Me sentía totalmente extraña, tenía la sensación de ¿qué estoy haciendo? todo el tiempo.
Llegamos al hotel y ahí estaba Piru. Peor. Tenía ganas de salir corriendo.
Fuimos a un barcito cerca de ahí y nos sentamos los tres. Por un lado tenía el pasado, mi mentor, la persona que me sacó muchos miedos, el amigo perfecto. Por otro, el futuro, una pareja estable, lo que yo buscaba y que no sabía si iba a funcionar.
Piru se portó re bien, hablamos de todo los tres, como en el Chat. A la hora, me fui con Mauro a casa, más confundida que nunca.
Estaba confundida. ¿Por qué pasan estas cosas? ¿Nunca les pasó que hayan pensado algo, tomado una decisión y justo a último momento sucede otro acontecimiento que les hace dudar de todo lo meditado?
Yo ya no creía en “es mejor malo conocido que bueno por conocer”. Mauro era más serio que Piru y éste se había olvidado por dos meses de mí. No es que con Piru no quería hablar más, al contrario me encantaba tenerlo de amigo pero no quería estar más con el. De todas formas, él no lo iba a entender porque estábamos acostumbrados a vernos y a estar juntos.
Finalmente decidí llevarme por lo que me dictara el momento. Llegó el fin de semana junto con Piru. Estuvimos desencontrados, recién nos cruzamos a la salida del boliche 6 de la mañana.
No fuimos juntos, y mientras estábamos teniendo sexo pensaba que estaba todo bien pero que ya no quería eso. Igual, la pasamos bien, charlamos de todo. Lo sentía como un amigo que quería tener toda la vida.
Entre todo lo que hablamos, charlamos de Mauro. Piru me decía que era un capo. Yo le conté que nos contactábamos por teléfono pero omití los palos que nos tirábamos los dos.
Piru se fue y mi fijación con la verdad, me obligó a ser sincera con Mauro. Lo llamé y le conté que había estado con Pirupero que una parte de mi estaba arrepentida. Me contestó que me entendía.
Los días siguientes me volví a Capital, chateábamos con Mauro como siempre, ya queríamos conocernos y ver qué pasaba entre nosotros.
A Piru me lo encontré en el messenger y contento, me explicaba como quería zafar de su coach para venir a dormir a mi departamento. Claro, lo que me faltaba, él también venía el 17 de febrero. Lo que me asombró más es que evidentemente, Mauro no había hablado con mi ex amante, sino éste no me estaría proponiendo nada. Sin dudas yo estaba en aprietos.
Lo único que sabía de Piru era por Mauro. Me enteré que estaba bien, jugando el torneo y Melisa se había ido por bastante tiempo a pasar las fiestas de fin de año.
Éramos re amigos con Mauro a tal punto que nuestro tema en común, (que era Piru) se había prácticamente desvanecido. Charlábamos sobre un montón de cosas y también nos pasamos nuestros números de celulares. Dos por tres nos llamábamos por teléfono.
Pasó la navidad y el año nuevo y seguía en la misma situación con respecto a Piru. Mauro me había llamado para ambas fiestas y chateábamos siempre.
Hasta que me di cuenta. Me gustaba que me llamara. Había alguien que sí se acordaba de mí
Me parecía una locura, ¿podía ser que el hombre de mi vida sea el mejor amigo de mi mejor amante? Tenía sentimientos encontrados. Por un lado, necesitaba frenar, parar. Quería tener pareja, compañía. Piru no era y nunca iba a ser ese hombre y yo era una mina simple. En general medito mucho las cosas antes de decirlas y hacerlas. Si te digo andáte a la mierda, te estoy diciendo justamente eso.
Igualmente, lo de Mauro era cualquiera. Él vivía en Mar del plata y yo en Buenos Aires. Una relación a distancia no era lo que buscaba. Y aparte, nunca lo había visto. Sabía que medía 2.05 mts y que jugaba al básquet. Me mandó una foto que estaba con unas gafas. Parecía lindo.
Siempre hablábamos de vernos personalmente. Hasta que un día pusimos fecha. La idea era conocernos el fin de semana del 17 de febrero en Buenos Aires.
Los últimos días de enero, lo encuentro a Piru conectado. Obvio que hice mi técnica, esperé que me hablara. Hasta que me saludó. Chateamos bastante hasta que me dio la noticia. Venía al pueblo el último fin de semana de enero y yo todavía iba a estar acá.
Antes de volverme a Capital, pase por todo el horror de la despedida con Piru, de nuevo… ¡Qué garrón!
Otra vez a extrañarlo, otra vez todo. Nos íbamos a mantener en contacto, si, pero estos días que había pasado con él, me habían hecho pensar que tenía ganas de tener pareja. Al final, pasaba un fin de semana bueno cada muerte de obispo. Tenía ganas de sostener esa sensación durante más tiempo. Él no era el ideal como pareja pero… era lo que había. Igualmente, no. Estaríamos a la distancia, se que Piru es lo más pirata que existe, no... no da.
Un día lo llamé por teléfono. Me contó que el campeonato en el pueblo había terminado, que lo convocaron de un club a 500 km y se había ido allí por el verano.
En general, las personas que éramos del pueblo y estudiábamos, no necesitábamos trabajar en el verano para mantenernos. El verano eran vacaciones, puras vacaciones. Lo que nunca imaginé es que éste iba a armar equipaje y se iba a ir a otro lugar. Eso significaba, además, que pasaría mi “summer time” en compañía de mis amigas solteras, las pocas que quedaban. Justo ahora que quería tener novio. Aparte en el pueblo no había nadie que me gustara, nos conocíamos todos con todos y en Buenos Aires se complicaba conocer a alguien. En los boliches se consiguen transas, no novios.
Luego de la charla pasaron varios días. No sabía nada de él, ¿Dónde se metió?, No me quiere hablar, pensaba yo. Después le pregunté a Mauro y me tranquilicé. Él tampoco sabía nada. Usó la expresión “está re cortado”. Se me ocurrió que es buenísimo tenerlo a Mauro de amigo porque así me entero cosas de Piru.
Pasaron dos meses, ni Mauro ni yo sabíamos nada. A Piru se lo había tragado la tierra.
Me atendió uno de los chicos que vivía con Piru, él estaba en su habitación. Llegué al cuarto, lo vi tirado en la cama y me abalancé sobre él con un gran “holaaaaaaa”. En seguida cerramos la puerta y ovbio, pasó.
A la noche repetimos el encuentro, pero esta vez me quedé dormir. Claro, mi casa estaba repleta de parientes que venían desde lejos al cumpleaños de mi abuela. A las 10 de la mañana y con todo el pelo revuelto, me levante, me calcé las gafas y salí para mi casa.
El cumpleaños fue en un barco, por lo que nos llevó todo el día la fiestita.
A la tarde, Piru fue a casa, yo estaba recién bañada. Quedamos en mirar una película a la noche. La diferencia fue que su entrenador se iba de la ciudad así que él se había comprometido a cuidar su casa.
Se hacía la hora y yo zafé de todos los familiares que querían llevarme hasta mi destino. Por supuesto, jamás dije a mi familia que había dormido en lo de Piru, sino que me quedaba en lo de mi amiga Virginia.
Llegué a la casa del coach y ahí me esperaba mi amor momentáneo para nuestra última noche. Yo me iba al día siguiente y otra vez, sin fecha de regreso.
Cuando me abre la puerta observé que había puesto el colchón que correspondía a la pieza, en el piso frente a la tele. Íbamos a ver el hit del momento, Río místico. Bha, ver… ver un ratito ya que nos divertíamos más haciendo otra actividad, me entienden, ¿no?
Empezamos a ver la peli y en eso veo una sombra pasar sobre nosotros
Mariana
¿Viste eso?
Piru (Hablando de la película)
Si, el tipo es el mismo que estaba al principio
Mariana
No, no, esa sombra ¿no la viste?
Piru (riéndose)
¡Vos estás re loca!
A los dos minutos una cosa negra aletea por sobre nosotros
Mariana (gritando desaforada)
Es un murciélago, por favor, sácalo
Piru (asustado)
No, sacalo vos
Mariana (llorando)
¿Me estas jodiendo?, yo mido un metro y medio y vos dos. Te lo pido por favor, sácaloooooooooo
Piru
Pará de gritar que nos van a echar a la mierda los vecinos.
Una vez calmados, teníamos que aunar fuerzas para sacar el bicho de esa casa o liquidarlo. Primero Piru, logró encerrarlo en la cocina. Los dos pensamos que habíamos solucionado el tema, pero como la puerta era corrediza, el murciélago se hizo chatito y volvió a acosarnos. Luego de una hora y media. Piru logró apretarlo con un balde contra la ventana y yo fui la encargada de corroborar que estuviera muerta la rata con alas.
Jamás no enteramos como terminó Río Místico ni tuvimos sexo. Quedamos agotados con la cacería.
Al día siguiente, encontré a Piru por Messenger. Por supuesto, esperé a que él me hable. Es una regla que mantengo con todos los chicos. No me gusta acosarlos por Internet, así que espero que ellos tomen la iniciativa. Reconozco que también por esta simple prueba, mido el interés de los flacos hacia mí.
En este caso, al segundo que inicié sesión, Piru me saludó. Me preguntó como estaba mi hermano, que había dicho de “nuestra situación”. Le contesté que se quedara tranquilo, que estaba todo bien. También me escribió que no sabía si iba a salir porque no tenía con quien y como no me invitó a su casa le dije que yo iba a ir a bailar.
Hice la previa en la casa de unos amigos y me fui al boliche. En la entrada, paradito y sólo, me estaba esperando. ¡Casi me muero, que divino!, no tenía con quien salir y lo hizo igual para verme. No me podía hacer la desentendida, él no estaba con sus amigos. Lo saludé con mi mejor sonrisa y nos sentamos a charlar en una mesa. Cabe destacar que el diálogo no fue mayor a 15 minutos. Nos fuimos a su casa y repetimos la genial experiencia de la noche anterior. Hablábamos mucho de sexo y me encantaba. En general, las mujeres no podemos hablar libremente de sexo con los hombres porque tenemos miedo de que piensen “Uh, esta chica tiene más pasadas que la calle 9 de Julio”, cuando en realidad, queridos, tenemos las mismas necesidades que ustedes y queremos decirles los que nos gusta así lo hacen. Así de simple.
Obvio, volví a mi casa con los pelos desastrosos a las 8 de la mañana.
Nos veíamos casi todos los días, menos los lunes. Ese día se juntaba con el resto del team a jugar a T.E.G, así que ya sabía que los lunes no eran míos.
Entre los temas que charlamos los días siguientes, estaba su relación con Melisa. Me dijo que no estaba seguro de que el hijo de ella sea de su ex, que la quería pero que no sabía bien por qué seguía con ella. Yo le conté mis experiencias anteriores. Éramos como “Fuck Buddies”.
Un buen día, encuentro en mi Messenger un pedido de autorización de una dirección de correo desconocida para mí. En general, en el msn sólo tengo gente que conozco y con la que acostumbro chatear. Lo llamativo de esta dirección era que había un nombre, Mauro, un apellido (que no viene al caso) y finalizaba en mdp. Pensë Mar del Plata, Piru… Dejo el contacto, cuando le pregunte él me dirá.
Le pegunté. Me respondió que era su mejor amigo Mauro, que era re piola y que lo acepte. Mauro ya sabía de nosotros. Así que lo agregué. Muchas veces, hablábamos los tres, Piru, Mauro y yo. Mauro nos decía “Che, ¿por qué están separados, chateando uno en cada PC en vez de verse?,
Y yo le contestaba “Es que tu amigo es un dormido”, y Piru largaba esas frases amenazantes con connotación sexual “Ya te voy a agarrar”. Desde ahí, Mauro, también era mi amigo.
Llegó el día de irme a Buenos Aires, eran las vacaciones de invierno más largas que había tenido. No me quería ir. Si bien sabía que Piru no era para mí, sentía que lo iba a extrañar mucho. No tenía fecha de regreso y eso me mataba.
Me vino a despedir a casa. Me abrazó y me dio un beso largo en la calle, podíamos pasar por cualquier pareja que se despide, sólo que no era mío y no me podía quejar al respecto porque nunca me había prometido nada. Junté fuerzas y me fui.
Los días siguientes nos escribimos mensajes y chateábamos todo el tiempo. Me acuerdo que el primer mensaje se lo mandé yo el día que había llegado a Capital a las 12. El texto decía “Hola, ya llegué”, ¿Cómo estás? Y me respondió “Hola bb, ¿cómo estás?, te extraño, ¿ahora con quién peleo?. Esa era nuestra dinámica, pelearnos por quién sabía más de inglés, por ejemplo, o me discutía que yo era una pueblerina y yo le contestaba que él vivía en el pueblo y yo en Capital Federal y nos matábamos de risa de todo.
Algunas semanas él me avisaba que no le escriba porque Melisa iba para el pueblo, así que él me iba avisar cuando ella se fuera. Lo re extrañaba esos días. Muchas veces pensé que estaba enamorada de él pero muy dentro de mí sabía que era el mejor amante pero el peor novio. Si lo había conocido metiéndole los cuernos a ella ¿por qué conmigo iba a ser diferente?
Nos mantuvimos en contacto el mes y medio que no nos vimos. Hasta que por fin, era el cumpleaños número 80 de mi abuela y se lo íbamos a festejar a lo grande. Así que tenía que venir a casa.
El colectivo llegó acá a las 7 de la mañana y yo quería que sean las 12 ya. ¡Quería verlo!, los días habían pasado re lento en Capital. Se hizo la hora de mandarle un mensaje y le dije que había llegado. Me dijo que a las 15 vaya para su casa. Me produje y me depilé todas las partes habidas y por haber, a eso él le gustaba. Llegue a su puerta y toqué el timbre.
Eso fue lo que pensé la primera vez que entré a la casa de Piru, que tenía un hijo. Hasta que mi hermano me contó la historia completa. Piru se había puesto de novio con Melisa y a los dos meses ella se dio cuenta de que estaba embarazada de otro. De todos modos siguieron con la relación. (Bha relación). Ella vivía en Mar del Plata y él, por el deporte, en el pueblo. Después de esa noche, yo me tenía que autoconvencer de que este pibe no me gustaba. En realidad si le tendría que poner una calificación como pareja, sin dudas era cero, pero como les expliqué, en ese momento yo quería divertirme. Igualmente, me tenía intrigada si él sentía esta terrible atracción por mi, esa de la que me tenía que autoconvencer que yo no sentía por él. Qué se yo... para saber aunque sea! La vez anterior que yo había estado en el pueblo no había podido ver jugar al equipo porque me fui a Buenos Aires un día antes del partido, tenía que rendir. La cuestión, es que como nunca había visto un juego de ellos, una tarde que Piru estaba acá y yo me hacía la distraída me invitó al entrenamiento. Fui, error. Lo vi con la pelota, noooooo, me gusta, nooooo, me encanta!! ¿Por qué?, ¿qué necesidad tengo de complicarme la vida así?, soy libre, puedo estar con un chico que no tenga "compromisos". Era tarde, esa fue la confirmación. Nadie se tiene que enterar de este pecado, no lo pienso comentar con nadie. Un jueves, fuimos con mi hermano y su novia a la noche a jugar a las cartas a la casa de los chicos. La verdad, no necesité contarle a nadie. La onda entre nosotros dos se notaba y mucho. Ese día quedamos en salir todos juntos el viernes. Nos íbamos a juntar en la casa de ellos a hacer la previa. Yo dije "listo, mañana me tiro el ropero encima, quiero ser irresistible pero si me la mando, nadie se tiene que enterar. No quiero problemas". El viernes por la tarde, me encontraba caminando en el centro. Pensé voy a comprar un vino espumante para la reunión de hoy. Alzo la vista y veo un cuerpo de 1.98 dirigiéndose hacia mí. Por Dios, que bueno está. Piru ¿Qué hacés? (me da un beso)
Mariana (con toda la cara de idiota y baboséandome) Iba al super a comprar unos vinos para esta noche
Piru ¡Qué bueno!, yo también. ¿Vamos juntos?
Mariana (intentando no demostrar demasiada emoción)
Siii, Vamos!
Mientras íbamos al supermercado charlábamos de todo: música, bebidas que nos gustaban a los dos, la relación de mi hermano y mi cuñada, todo.... Compramos el alcohol y el tenía un bolso, donde pusimos los vinos, porque en una hora tenía que entrenar. Así que le ofrecí que vayamos hasta mi casa a dejar las botellas y a hacer tiempo. A lo que me respondió que si, que se iría después al club con mi hermano. A media cuadra de casa, seguíamos chusmeando hasta que me dice
Piru Viste que feo cuando entrás a una casa, sacás las bolsas del super y se hacé evidente que llevás alcohol cuando las botellas hacen tilín tilín
Mariana (a las carcajadas) Siiii, me pasó un montón de veces!
Llegamos a casa, abro la puerta, subimos tres escalones que hay en la entrada y de repente empiezo a ver muchas caras. Mamá, papá, pablo, su novia y la madre de su novia. Eran esas situaciones que faltaba que dijera "mamá, papá, mi novio". Por favor, la cara de mi mamá como diciendo de donde venís y por qué con él. Mi hermano desencajado. Saludamos y le digo: "Vení, Piru, pongamos las cosas en la heladera". Saca las botellas del bolso y se escucha TILÍN-TILÍN. Él estaba de espaldas hacia la mesa donde mi familia estaba sentada y puso una cara de "no me puede estar pasando esto". Terminamos de acomodar y bajamos hacia el estudio donde tenía la PC. Luego subió y se fue a entrenar. Cuando se fue, automáticamente empecé con la super producción, ropa, maquillaje, todo tenía que ser impecable. Me puse mi atuendo preferido y salí. Hicimos la previa en su casa riéndonos todos como locos, y, por supuesto, disfrutando las botellas de vino que habíamos comprado. Debo admitir que me puse bastante alegre y él también. Llegamos al pub, el se sentó en una banqueta. Charlamos hasta que me encajó un beso increíble. Obviamente que no teníamos el manto invisible. Fue delante de todos, de todos los que no tenían que enterarse. A la media hora, estábamos en su casa, solos. Pasó lo que tenía que pasar y disfruté como nunca había disfrutado. No me importaba nada, no sentí vergüenza. Estar con Piru, en parte, era como estar en casa. Así me hacía sentir, como si nos conociéramos de toda la vida. Después nos quedamos charlando
Piru Me siento re mal por tu hermano, no se le hace esto a un amigo
Mariana Pero dejate de joder, mi hermano no es celoso, que no se venga a hacer el cuida ahora
Piru Te juro que me da cosa pero a la vez no me importa porque quería estar con vos
Eran las 8 y yo tenía que venir a dormir a mi casa. A pesar de su insistencia para que me quede con él, me fui. Tenía terrible sonrisa en la boca, sentí que todo era genial. No quedamos en vernos ni arreglamos nada. "Dios, dirá" pensé, mientras me tomaba un taxi.